Con nueve suplentes, cerró la etapa de grupos logrando el puntaje ideal; el capitán volvió a anotar, en algo más de media hora de juego.
Con 70.649 personas en las tribunas, una multitud de argentinos que volvieron a copar el Dallas Stadium y Lionel Messi siguiendo el partido desde el banco mientras su imagen aparecía una y otra veces en la pantalla gigante, la selección derrotó por 3-1 a Jordania y, con el primer puesto asegurado desde antes, cerró una fase de grupos perfecta, al menos en los números. Por primera vez en 20 años sin su capitán entre los titulares en un Mundial, le alcanzó una formación alternativa para completar una de las mejores primeras ruedas de su historia: como en 1930, 1998 y 2006, avanzó con tres triunfos en tres partidos, pero esta vez con el agregado de haber preservado el físico de sus principales figuras para el compromiso de los dieceiseisavos de final.
La última escala antes de los mata-mata terminó siendo un negocio redondo. Ahora, en el horizonte aparece Cabo Verde, el oponente del próximo viernes en Miami. La ilusión argentina empieza a tomar otro color, impulsada por los resultados y por un equipo que fue levantando su nivel con el correr del torneo, aunque todavía no se ha enfrentado con los rivales más fuertes.


